Los zombis son unos de los subgéneros más recurrentes en el mundo del terror. Algunos ejemplos destacables que lo han potenciado son el videoclip Thriller de Michael Jackson, el comic y serie de televisión The Walking Dead, las películas y videojuegos de Resident Evil, o la película española REC.
De cara al entretenimiento es indudable la calidad de las historias de zombis,
pero también pueden tener otra lectura, los zombis como reflejo de la
sociedad. Por ello, a continuación, una pequeña reflexión sobre el asunto.
A lo largo
de la historia de la humanidad, se puede observar que siempre se ha
caracterizado a los seres humanos por una dualidad suprema, el bien y el
mal. El pensador inglés John Locke la definía como “aquello que tiene
la capacidad de producirnos placer es lo que llamamos un bien, y lo que tiene
capacidad de producirnos dolor lo llamamos un mal”. Los zombis pueden
interpretarse como una metáfora del mal, la negatividad, las sombras; mientras
que el camino opuesto lo pueden formar todos aquellos seres que proporcionen el
bien, el optimismo, la luz.
Las
historias de zombis pueden definirse como una continua lucha del bien contra el
mal, pero en un sentido más profundo. Los zombis pueden reflejar el dolor, la
negatividad procedentes de otras personas, teorías conspiratorias repletas de
irrealidades, egoísmos, en definitiva, el monstruo que el ser humano
lleva dentro. La supervivencia del bien es lo único que queda, a la espera de
encontrar un antídoto para todas aquellas personas infectadas por las tinieblas
del ser humano, un antídoto que siempre existe aunque sea difícil de encontrar.
Los zombis pueden
reflejar las sombras del ser humano, pero la luz que está presente en algunos
es la esperanza para que perdure la especie sin que se propague la pérdida de
humanidad.
¡Hola! Comienza una nueva etapa en El Filósofo en Llamas. Un nuevo diseño acompañado de nuevos contenidos, pero bajo una misma esencia: el análisis y la evolución.
La sociopolítica, el deporte, la música, los medios de comunicación, las series, el cine, el ocio y pequeños toques de humor, tendrán cabida en este blog.
Se pretende reflejar la luz de la sociedad por encima de cualquier sombra, al son del avance.
En este espacio quisiera abrir una reflexión sobre el rol
del sigilo como arma letal contra las personas. Hay entes, organizaciones,
grupos o individualidades que perjudican y dañan a la gente con técnicas de
manipulación que pueden incluso coquetear con el maltrato psicológico. Un
simple "tienes que cambiar eso", "es lo que hay que hacer",
"las cosas son así y punto", "para salir de la crisis económica
este es el único remedio".
En esta sociedad, emergen opiniones y recomendaciones acerca
de cómo llevar nuestras vidas y evolucionar. Es cierto que nos encontramos con
consejos repletos de buenas intenciones, pero por desgracia otros buscan el
beneficio propio antes que el de la persona a la que se trata de ayudar. El
sigilo es la vía. Simples comentarios aparentemente inocentes pueden traducirse
en manipulaciones que buscan un cambio con principios ajenos a quien los
recibe.
Cada persona es como quiere ser, la evolución es encontrarse
asimismo y vivir como cada uno quiera vivir, mejorando lo que cada uno quiera
mejorar y siempre intentándolo bajo sus ideas para crecer. La evolución no son
patrones estándares de comportamiento, son los patrones que cada uno quiera
seguir. La vida son distintos caminos y esa es la esencia del ser humano, la
riqueza de su diversidad.
La gestión
pública implica una notable carencia de participación ciudadana en los asuntos
que afectan directamente a éstos. Dado el interés colectivo que tienen como
resultado las acciones de los gestores públicos, existe moralmente el dilema de
conocer si la gestión pública es la forma realmente justa y eficaz para
conseguir ese bien común para la sociedad, o bien, si la participación es
esencial y primordial para lograr ese interés colectivo.
A la hora de
valorar la importancia de la participación, es importante conocer sus ventajas
e inconvenientes. Con la participación se logra adquirir una mayor capacidad de
conocimiento de los intereses perseguidos por cada grupo social y el resultado
será más prolongado en el tiempo; sin embargo, los recursos que se invierten
para estas medidas son demasiado costosas y consumen gran cantidad de tiempo
por ejecutividad, por lo que la intervención de gestores público sería la mejor
vía de responder a esos problemas. La solución a este problema de saber que es
lo más justo para el ciudadano, se encuentra en la legitimidad.
La participación parece ser que ha
dado lugar a que los ciudadanos elijan que la solución de sus problemas sea
mediante la dotación de legitimidad a los gestores públicos. Nos encontramos
ante la tesitura de que existe una cesión ciudadana hacia los gestores públicos
sin necesidad de participación, ya que gran parte de la sociedad de hoy en día se muestra
extremadamente conformista y sólo les basta con participar en la elección de
los gobernantes cada cuatro años. Por lo tanto, la legitimidad de algunos
gestores públicos se renueva cada cuatro años en las elecciones.
Para un sector importante de la
ciudadanía, la legitimidad debe traspasar las fronteras meramente electorales.
Al igual que se valora la dinamicidad de la sociedad a la hora de que actúen
los gestores públicos, debe considerarse también que las opiniones ciudadanas
son continuamente cambiantes. Para lograr la satisfacción global entre la
gestión pública y la participación, se debe acudir al término medio. La
legitimidad debe adaptarse a la evolución de la sociedad, por lo que no puede
ser aceptable que la legitimidad de algunos de los gestores sea renovada cada
cuatro años en las elecciones. La legitimidad debe ser renovada día a día, no
es necesaria la convocatoria de elecciones, basta con simples sondeos para
saber la opinión de la gente.
Los partidos políticos son hoy en día ángeles
y demonios de cualquier sistema. Cabe la posibilidad de que si se prescinde de
los partidos políticos nos podríamos encontrar con un sistema caracterizado por
un mayor reflejo de la diversidad de la sociedad que lo caracteriza.
Sin embargo, las luchas entre los partidos políticos
quizás enciendan la llama que genera políticas públicas. Tienen la presión
de todo un sistema de partidos y la obligación de satisfacer a ciertos sectores
de la sociedad con motivo de la búsqueda del voto para alcanzar o mantener el
poder.
Sin partidos políticos puede que las políticas
públicas se encuentren desprotegidas. Carecerían de las citadas formas con
las que se encuentran presionados por el propio sistema de partidos, puediendo existir una cierta reducción del control y de la gobernabilidad.
En cierto modo, un sistema político que
prescinda de los partidos políticos comparte ciertas ventajas con los sistemas
políticos proporcionales, por el reflejo de una mayor diversidad de la sociedad. A su vez, también ve acentuadas sus desventajas, como es el caso de la
pérdida de gobernabilidad.
Es difícil conocer cuál de las dos formas es
más eficaz, si con partidos políticos o sin ellos. Se produce un dilema entre
la pérdida de gobernabilidad con la que dotan los partidos políticos al sistema
frente a un posible aumento de la representatividad de los ciudadanos. Este hecho es consecuencia de la presumible participación más directa en el
mismo por el incremento de la proximidad entre el sistema y los ciudadanos.
La Globalización supone uno de los temas más actuales del panorama global. La Globalización se encuentra dentro de los ámbitos más influyentes de la sociedad, sobretodo el económico; pero cabría preguntarse, paradójicamente, ¿existe igualdad ante un proceso que busca la integración de todas las economías?
La Globalización consiste en la consecución de un mundo totalmente idéntico en cuanto a economías, donde el Capitalismo es la base fundamental del proceso. Este sistema se basa en la economía, pero para poder extender su poder se busca abarcar los ámbitos más esenciales de la humanidad. La cultura, la sociedad, la política sufren directamente las virtudes y estragos de la Globalización.
La economía lo es todo, es la primera idea que hace saber la carencia de igualdades dentro de un proceso que aparentemente busca la unidad de todos. No sólo crea desigualdad por medio de la economía, sino que la influencia que tiene sobre otros ámbitos genera cierta desigualdad.
El gran beneficio posible del proceso globalizador es la adquisición de una mayor facilidad de gobernabilidad en las empresas por la similud de sistemas económicos en casi todas las partes del mundo. El capitalismo se alimenta por sí mismo, pero a costa de acabar con los otros sistemas posibles.
La Globalización defiende la erradicación de la pobreza mediante su sistema. Desde las teorías globalizadoras, se considera que con el liberalismo económico se puede lograr un mayor beneficio para todos. A pesar de ello, resulta cuestionable si la Globalización ayuda a una igualdad económica si precisamente se trata de fomentar el poder económico de las grandes empresas.Con la Globalización, la vida resulta mucho más fácil, pero por luchar para conseguir una economía común, se fomentan las diferencias entre los que tienen un poder adquisitivo mayor y los que no lo poseen.
En conclusión, en la diferencia radica la virtud. Con la Globalización las culturas y sociedades se ven claramente perjudicadas, por lo que hay que tratar de fomentar la igualdad al tratarse de un principio fundamental de la democracia. Se puede observar que la Globalización fomenta la igualdad para tratar desigualmente a los que no ostentan el poder económico.
Cuando nos acercamos a unas elecciones, se da la circunstancia de votantes que no tienen claro el partido político por el que decantarse en su derecho al voto. A partir de ello, se puede observar la distinción entre votantes que se engloban en el ámbito ideológico o estratégico, junto a otras posibles formas de actuar en los electores.
Nos encontramos inmersos en un sistema partitocrático en el que las ideologías cobran un segundo plano ante las necesidades del propio sistema, como la captación del voto por encima de las ideas de partido o algunas necesidades que han nacido de la crisis económica. Los partidos minoritarios, especialmente, los que no obtienen representación parlamentaria, suelen copar mayor carga ideológica.
Por otra parte, existe el denominado voto estratégico. Bajo esta premisa, Downs, teoriza sobre el voto en función del beneficio que esperan obtener de los gobernantes. Puede aplicarse a casos en los que un votante no se encuentre identificado con un partido político. Por ejemplo, aquellos votantes que quieren evitar el bipartidismo votan a una tercera fuerza política con representación, convirtiéndose en una fuerza emergente.
Finalmente, existen otros casos a mencionar como son el voto en blanco y el voto nulo. Es importante conocer que la Ley D’Hont conlleva que el voto en blanco no sea neutral, como puede parecer a simple vista. Este sistema conlleva que al producirse el reparto de escaños, los votos en blanco computen en los votos totales, aumentando el porcentaje de votos exigidos para asignar los escaños, desfavoreciendo a los partidos minoritarios y favoreciendo a los mayoritarios. Para una verdadera neutralidad, podemos encontrar el voto nulo que es considerado como voto pero no computa en el número de votos totales a la hora de repartir los escaños.
El poder es un término candente en la sociedad y su empleo no sólo atañe a las relaciones de los ciudadanos con el Estado, sino también a las relaciones interpersonales entre los propios ciudadanos. Pero, ¿la sociedad es consciente de cuáles son los verdaderos límites del poder?
Para comprender cuál es el fundamento de un término tan complejo como el de poder, se puede atender a la definición desarrollada por el sociólogo Max Weber, donde el poder es entendido como cada oportunidad o posibilidad existente en una relación social que permite a un individuo cumplir su propia voluntad.
A raíz del concepto de poder, se puede observar que el comportamiento humano tiende a mostrar cuatro elementos principales en las que el poder es propenso a llevarse más allá de sus límites, consciente o inconscientemente, por las personas que lo ejercen: la manipulación, la intimidación, la sumisión y el rol de víctima.
La manipulación y la intimidación son más fácilmente detectables, puesto que acarrean el extremo del históricamente denominado como el mal; mientras que la sumisión y el rol de víctima son extremos del llamado como el bien. A veces, los extremos se tocan.
Quizás las ideas del bien y del mal ostentan un déficit fundamental que ocasione estos elementos, la diversa interpretación legada a lo largo de la historia. La solución a esos choques de realidades, podría encontrarse en dos aspectos. En primer lugar, el entendimiento contemporáneo del bien y del mal como lo sano y lo insano, en lugar de parámetros tradicionales, tanto a título individual como colectivo. Y, en segundo lugar, la idea de responsabilidad, por ejemplo en los casos de la sumisión y del rol de víctima, donde si se reciben acciones que resultan insanas para algún ciudadano, por parte del Estado o de otro ciudadano, tratar de acogerse a la responsabilidad que tiene uno mismo en la búsqueda de mecanismos sanos para lograr desarrollar y emplear recursos con vistas a evitar agresiones, ofensas o faltas de respeto futuras.
En la práctica, hay niveles donde ello se puede demostrar en la sociedad. Es el caso de las acampadas con tintes de revolución pacífica provenientes del Movimiento 15-M donde, más que la queja, lo importante es que algunos de los ciudadanos concentrados tienen en su mano comenzar a abandonar los roles de víctima y de sumisión frente al Estado, para tratar de desarrollar mecanismos sanos que pongan fin a aquellas manipulaciones e intimidaciones que puedan surgir por parte de personas inmersas en alguno de los niveles del sistema. Por lo tanto, los ciudadanos pueden buscar soluciones desde la responsabilidad y desde la legitimidad.
En definitiva, el poder más sano podría decirse que es que el ser humano lleva en sus genes la evolución. La clave es que la sociedad sea consciente de ello y de cuáles son los límites que demarcan su marco de actuación para poder seguir avanzando.
Es un asunto de candente actualidad el conflicto originado en el pueblo de Libia. Temas como la legalidad, la legítima defensa, la justicia o la resolución de problemas queda patente en esta situación en la que la Organización de Naciones Unidas ha intervenido militarmente en territorio libio a favor de los detractores del dictador del Estado, Muamar el Gadafi, creando un debate global que debería llevar a la reflexión del panorama internacional.
En cuanto a la legalidad de la intervención militar las potencias internacionales en Libia, ésta se basa entre otros principios en el de legítima defensa, donde en el artículo 51 de la Carta de las Naciones Unidas se afirma que “Ninguna disposición de esta Carta menoscabará el derecho inmanente de legítima defensa, individual o colectiva, en caso de ataque armado contra un Miembro de las Naciones Unidas, hasta tanto que el Consejo de Seguridad haya tomado las medidas necesarias para mantener la paz y la seguridad internacionales. Las medidas tomadas por los Miembros en ejercicio del derecho de legítima defensa serán comunicadas inmediatamente al Consejo de Seguridad, y no afectarán en manera alguna la autoridad y responsabilidad del Consejo conforme a la presente Carta para ejercer en cualquier momento la acción que estime necesaria con el fin de mantener o restablecer la paz y la seguridad internacionales”. En este caso, se publicó la resolución de Naciones Unidas que permitía los ataques en legítima defensa del pueblo libio. Esa aprobación de la autorización del uso de la fuerza en legítima defensa por parte del Consejo de Seguridad es la gran diferencia existente con la Guerra de Irak de 2003, donde en la resolución correspondiente no existía la aprobación de Naciones Unidas de ese uso de la fuerza, ya que se excluía autorizar el uso de la fuerza. Legalmente, era necesaria una nueva resolución que aprobase el uso de la fuerza en legítima defensa, pero nunca se aprobó y, que gracias al derecho a veto de los Estados Unidos o Reino Unido en el Consejo de Seguridad, era inviable establecer sanciones a las potencias internacionales que intervinieron en la Guerra de Irak.
En la sociedad está latente la necesidad de interpretación sobre si estas medidas bélicas a favor de la legítima defensas son justas o injustas en su fundamento cultural del bien y del mal. Personalmente, considero que la guerra nunca es justa por una sencilla razón, en esta vida lo importante no es el bien y el mal, sino que lo vital es diferenciar ente lo sano y lo insano. La guerra está plagada de víctimas mortales y la clave es no tener que llegar a ella cuando no quede más remedio al tener que aplicar con legalidad la legítima defensa, tanto en la sociedad internacional como en la sociedad del día a día.
Ante un problema hay que buscar soluciones, pero la humanidad está acostumbrada a resolverlos cuando las burbujas estallan. La solución siempre se ha de intentar evitar desde la raíz cuando eso sea posible y ha quedado claro que con estos tipos de conflictos la comunidad internacional no aprende de sus errores. Más del 85% del petróleo de Libia va para Europa, sabiendo de la política hostil de Gadafi, ¿no hubiera sido más fácil jugar con el factor económico para tratar de quitarle poder a Gadafi a favor del pueblo libio y de la paz no sólo de ese Estado sino de la paz mundial? Las potencias internacionales de occidente ya no tienen esa posibilidad de poder rectificar porque ya ha estallado la burbuja, pero hay otras zonas de riesgo donde si se está a tiempo. Por ejemplo, sería beneficioso para la paz mundial que se le pusiesen límites a Venezuela, ya que la gran mayoría de su petróleo es exportado a Estados Unidos, pese a las paradójicas críticas de Hugo Chávez a la potencia americana.
Para la paz hay que hacer sacrificios porque todo tiene un precio, ahí debe entrar la humanidad de la humanidad, ¿es viable? La verdadera raíz de la raíz de los problemas radica en una cuestión, la humanidad ha de darse cuenta. Paz y Respeto.
Hay veces que, paradójicamente, la muerte trae consigo la vida, y es porque el ser humano está capacitado para aprender de sus errores y de sus aciertos gracias a su superación personal. Ya ocurría en la película '300', a veces los que caen en esta guerra llamada supervivencia se convierten en héroes porque logran con su ejemplo que, otros que tienen la oportunidad de seguir luchando, tengan referencias sobre lo que pueden hacer y lo que no para seguir sobreviviendo.
Estas últimas semanas se están dando una serie de noticias que ejemplifican esta reflexión acerca de la vida y la muerte. Hay varios casos recientes como son el apocalipsis que ha ocurrido en Japón, las enfermedades de los futbolistas Miki Roqué y Eric Abidal, y la muerte del rapero Nate Dogg.
En cuanto a lo que ocurre en Japón, destaca la capacidad de reacción que se ha tenido en las costas del Océano Pacífico. En los tsunamis en Japón fue inevitable la evacuación total por la excesiva proximidad temporal entre el terremoto y los tsunamis, pero en otras zonas del Pacífico se pudo evacuar a tiempo, como en algunas costas del continente americano. Es una prueba de que se ha aprendido de algunos errores que se cometieron cuando los sucesos acaecidos por el tsunami del Océano Índico en 2004, como los referentes a evacuaciones en algunas zonas donde si hubiera dado tiempo de salvar vidas. Al igual, esperemos que ocurra con la seguridad de las centrales nucleares en todo el planeta ante este tipo de catástrofes naturales.
Otro asunto en relación con esta temática, son los casos de los futbolistas Miki Roqué del Real Betis Balompié y de Eric Abidal del Fútbol Club Barcelona, ambos enfermos de cáncer. Quizás ahora la prevención de este tipo de enfermedades sea mayor en algunos deportistas. Eso pasó con el caso de Antonio Puerta del Sevilla Fútbol Club, gracias a su caso se han salvado las vidas de jugadores como Rubén de la Red del Real Madrid o Sergio Sánchez también del Sevilla. Son casos conocidos, pero probablemente muchos chavales como cualquiera de nosotros hayan tomado conciencia de que este tipo de problemas les puede pasar a cualquiera y los métodos preventivos probablemente aumenten en busca de lograr coger estas enfermedades a tiempo. Pese a lo triste de estas desgracias, gracias a estos casos, se salvarán algunas vidas.
Finalmente, el último caso al que quería hacer mención es el referente al pasado 15 de marzo, dándose a conocer el fallecimiento del rapero Nate Dogg, uno de los máximos exponentes del rap estadounidense en la década de los 90 y principios del siglo XXI. Fallecía tras tres años luchando por sobrevivir tras dos derrames cerebrales en un ejemplo de esfuerzo y perseverancia por lograr superarse. Luchó hasta el final y eso le hará eterno, descanse en paz.
Y es que el rap es todo un ejemplo de la superación personal, a raíz de las muertes de 2pac y Notorius B.I.G., muchos raperos se replantearon las temáticas basadas en la violencia por el tremendo shock que causo la muerte de los máximos exponentes del rap de los 90. También está el asunto de las drogas, es el caso de Eminem, que tras estar a punto de acabar con su vida, sacó energías de la nada para superarse. El rap es mucho más que un estilo de música, formando parte de la cultura del Hip-Hop, ésta se convierte en ejemplo para mucha gente. La superación personal de unos también sirve como guía para otros, siempre mejorando lo anterior. Es el caso del también rapero Dr. Dre que en 2008 perdió un hijo, he aquí el resultado de cómo la superación personal hace aparición en esta cultura:
Estos son los verdaderos héroes, ya sean víctimas de un desastre natural o de una enfermedad, y es que pese al final que supone la muerte se puede transformar en positivo dándose el inicio de una nueva vida.Y, cierto es, que estos héroes no sólo son los que han caído, sino también los que han sobrevivido para poder completar el puzzle con sus historias y dejar constancia de que la humanidad puede cumplir el "querer es poder" luchando hasta el final, todo encaja. Hay una frase que puede definir el legado de los verdaderos héroes, “obstáculo es todo aquello que hay que superar”.
El capitalismo ha devorado el sistema de clases en favor de la consolidación del sistema burgués o elitista. En la actualidad, la conocida clase media simplemente es un concepto vacío de contenido que sirve de sustento a la clase burguesa dominante, originándose una nueva división de clases sociales a nivel global.
A lo largo de la historia es sabido que el mejor sistema es el de equilibrio entre capitalismo y socialismo. Si uno de los dos modelos predomina sobre el otro de forma contundente, se corre el riesgo de que la identificación que se tiene de la sociedad quede rota. Ese es el caso que sufre la clase media, ahora la división existente es la élite frente a los ciudadanos como instrumentos que benefician a esa élite dentro de un mundo plenamente capitalista.
La clase media se ha disuelto para formar parte de una sola clase que engloba personas que pueden aportar beneficios de diversas formas a la clase elitista, como ha ocurrido en el caso de que el propio Estado con dinero público financie a las entidades bancarias para salvar el capitalismo. El socialismo ha pasado a ser un simple mecanismo de captación de votos, donde el capitalismo maneja a la sociedad a su antojo. En conclusión, lo más perjudicial de todo esto es que se siguen existiendo las desigualdades sociales, dándose sólo dos grupos o clases sociales englobados en los que tienen poder económico y en el resto.